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Nuestra historia

Jueves, 6 de Agosto de 2009

El 21 de Septiembre la Tuna Universitaria de Deusto cumple 20 años. En todos estos años varias han sido las tabernas o bares que nos han acogido pero hay algunos a los que podemos denominar nuestra casa.  Creo que en los primeros tiempos y además de las cafeterias de la universidad se solía utilizar el bar “La terraza” situado en el puente de Deusto. Luego llegó “La cava” y posteriormente “La Zapatilla” comandada en los pimeros tiempos por Pedro, Elena, Fernan y Bego. No podemos olvidarnos del cocinero que tan bien cuidaba nuestros estomagos, se llamaba Rober. Luego pasó a denominarse “El Viejo roble” y por ahora, ahí seguimos. Pero como la historia de “La zapa” es muy larga, hoy voy a traer a la memoria uno de nuestros templos del bolero y el cubata que no es otro que el Azzurro.

Cuando hace unos 14 años entré en la tuna, la Universitaria era habitual en un lugar denominado Azzurro situado en telesforo Aranzadi. Local con solera en Bilbao el cual hasta mi padre conocía. Era propiedad de Santi, amigo de la tuna y amante del bolero. El local decorado con tonalidades azules era pequeño, con moqueta, sillones, de trago largo, poca gente que huía de las masificaciones o de malas copas y buscaba un lugar tranquilo en el que refugiarse con un excelente cubata. La tuna siempre era bienvenida y eran míticas las frases de Santi como “aupa txabales” o “ha venido fredi con troncho y trusta” mientras colocaba los posavasos sobre la barra. Ponía buenos cubatas con alegría nuestro amigo Santi. Luego llegaron los botijos que habiamos ganado en certámenes en Portugal que Santi los rellenaba con los mejores venenos que encontraba.

Allí siempre se podía encontrar a la tuna de Deusto en el rincón, sentados y manteniendo en las manos guitarras, laudes y guitarrón. Se exigía cantar, siempre. En ese lugar más de uno ha echado raices maceteando con el ballantine´s y catando boleros.

Aparte de los boleristas, fuera del azzurro siempre había txabales realizando las clásicas maniobras del cortejo a las hembras, cantando, haciendo incursiones a las galerias Urquijo, o a otro local cercano como el bluesville, otrora también de moqueta y ambiente selecto. La tuna empezaba la noche bilbaina por Poza y la continuaba y acababa en el azzurro. De allí se podía llegar con suma rapided a los mejores lugares de la ciudad como el “harris”, el karaoke de las escaleras que no me acuerdo como se llama, los de galerias, el décadas, el méjicano de las balas blancas, etc.

Unos años después nuestro amigo Santi murió y tomó las riendas su hijo Sergio. Continuamos pasando de vez en cuando, pero aquél rincón del bolero y el cubata, hoy en día es un pub con mucha afluencia, modernizado, castigado por la normativa bilbaina de horario nocturno.

Y es que los años pasan para todos.

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